jueves, 29 de septiembre de 2011

Música Campesina en el Mill Valley Film Festival



El Mill Valley Film Festival es conocido como un festival con un ambiente de alto perfil, no competitivo y prestigioso; perfecto para celebrar lo mejor del cine mundial e independiente. Este año, en su versión número 34 (del 6 al 16 de octubre), estarán presentando Música Campesina, entre otras películas y cortometrajes.

El Marin Independent Journal la destacó entre los imperdibles del festival. Sobre la película, dijeron:

 "Un pez sacado del agua, directa desde Chile y sobre un slacker chileno a la deriva en Nashville, es un guiño de bajo presupuesto a la clásica mirada de Robert Altman sobre Music City U.S.A. Demuestra que no necesitas dinero de Hollywood para hacer una película entretenida. Fue filmada en 10 días (N.T: 6 días) con un equipo de estudiantes mientras que el director-escritor Alberto Fuguet estaba como profesor en visita en la Universidad de Vanderbilt."

El artículo completo, lo encuentras aquí.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Música Campesina en FICVALDIVIA

Compitiendo por "El Pudú" al mejor largometraje chileno tenemos ya a Música Campesina confirmada en el Festival internacional de cine de Valdivia.
FICVALDIVIA

lunes, 5 de septiembre de 2011

My Own Private Nashville

"Y aquí es donde el misterio aparece, la epifanía, los recuerdos: una vez que grabas una película, una vez que has descubierto una ciudad y su gente, una vez que has puesto tus personajes y actores en ella, una vez que has creado lazos con personas que ahora estarán vivas por siempre en la pantalla (sea la pantalla que sea) con tu nombre y sentimientos y anhelos y miedos, esa ciudad siempre será tuya. Siempre será una parte de ti".
Colaboración de Alberto Fuguet sobre su película Música Campesina para NashVille Scene el 1 de Sept, leer texto completo Aquí

lunes, 22 de agosto de 2011

Entrevista a Alberto Fuguet y Pablo Cerda



En el sitio web NY 1 N, entrevistaron a Alberto Fuguet y a Pablo Cerda, cuando se encontraban en NYC para mostrar Música Campesina en Latin Beat.

Mira el video de la entrevista




Reseña en Cinencuentro.com





Festival de Lima 2011: Música Campesina
Por Juan José Beteta.

Imagínese que una mañana usted sale de su casa al trabajo y, en vez de ir a su oficina se dirige al aeropuerto, compra un pasaje a Nashville –en el centro este de los Estados Unidos– y, luego de varias horas se encuentra solo, en un hotel barato, cerca del aeropuerto de esa ciudad norteamericana. Esa es la sensación que sentí al ver a Alejandro Tazo, este chileno algo desparpajado, mirando por la ventana la autopista y el paisaje suburbano, en las imágenes iniciales de esta interesante película de Alberto Fuguet. Esa sensación de libertad, de estar de pronto recién llegado a un lugar ajeno y prácticamente desconocido florecía en mi mente ya que los planos fijos y largos dejaban tiempo a la imaginación y a ese involuntario placer de los críticos, el “ver otras películas”. Y mientras iba mirando a Tazo haciendo números para pagar su alojamiento, auscultar el baño, ordenar sus pocas pertenencias (traídas de una estadía previa en San Francisco) y pasear por los alrededores, me decía a mí mismo ¡qué Duro de matar, ni qué Van Damme! ¡esta es la verdadera aventura, la que está al alcance de muchos, la de descubrir y explorar un lugar desconocido, en cualquier momento!

Pronto la cinta me distrajo de estas meditaciones, ya que el protagonista se puso a buscar trabajo. Y empecé a preguntarme qué lo condujo a este país, puesto que él mismo no sabía expresarlo en las diversas entrevistas que lo conducirían a los trabajos precarios que destina a los recién llegados esta sociedad desarrollada: limpia baños informal en hoteles de segunda, plomero fallido, vendedor en una tienda de música. Todas labores que llevan a pensar en un inmigrante ilegal que no tiene contactos ni el respaldo de una red de apoyo familiar, étnica o nacional. Más aún, el crecientemente desconcertado protagonista no parece tener mayor aptitud para ninguno de estos trabajos, no sabemos cuál es su oficio o profesión; y –salvo por alusiones a Johnny Cash– comprobamos que ni siquiera sabe mucho de la música country, cuyo centro artístico es justamente Nashville.

Entonces, ¿qué hace Tazo en este país? ¿por qué vino? Aparentemente la respuesta podría hallarse en el marco de alguna crítica a los padecimientos de los inmigrantes ilegales, ya que apreciamos a nuestro cabizbajo protagonista leyendo sobre el american way of life, sentado sin nada que hacer en una parada de autobús; y, antes, había explicado al dueño de un hotel que dejaba Chile por falta de oportunidades. Pero luego, cansado ya de hacerse entender en spanglish, vemos cómo se desfoga en castellano (en una memorable escena) con una mesera gringa que no entiende lo que le dice pero sí el sentido de lo que dice. Y entonces todo cambia, ya que la motivación del viaje y la estadía resultan ser puramente románticas. Lo que parecía un drama social se revela como un drama amoroso y, de pronto, todo adquiere un sentido: su deambular sin rumbo fijo, el silencio que reina durante el inicio de la cinta, sus esfuerzos por establecerse, sus intentos de interactuar con desconocidos/as. Todo ello es una forma de reconstruir su vida y buscar recuperar el amor perdido. A estas alturas comprendemos que gran parte del peso de la película descansa en la buena caracterización de Pablo Cerda, como Alejandro Tazo; así como en la habilidad del director (y también notable escritor) Alberto Fuguet para contar esta historia con un estilo sosegado y casi documental.

Mientras aguardamos el desarrollo de la historia de amor, la película se desliza más bien hacia la amistad, ya que Alejandro se hace pata de dos músicos bohemios del lugar, quienes escuchan sus confesiones pero con los que finalmente tampoco encaja del todo. Con el mismo ritmo laxo y pausado, Fuguet muestra los desencuentros entre Tazo y sus nuevos amigos al hablar sobre ropa o comida; hasta llegar a la escena musical final, de afirmación cultural de nuestro protagonista. De esta forma, el relato sentimental queda en nada y pasamos, tras el intercambio amical, a un retorno a la soledad inicial de Tazo. Es en este momento que presenciamos a última “vuelta de tuerca” y comprendemos que desde el principio esta película explora la diferencia cultural, los rechazos y atracciones del personaje central, pero también las que sienten por él sus habitualmente efímeros interlocutores.

Así tenemos que la estructura narrativa utiliza la ironía (sugerir lo que no es), mientras que las relaciones del protagonista con otros y con el entorno están dominadas por la atracción-rechazo por la diferencia y lo diferente. Y lo que observamos es un tránsito del protagonista hacia la reterritorialización; es decir, intentar echar raíces en otro lugar del planeta, pero plantando las mismas raíces del país y cultura de origen. No puede ser más significativo el ponerse a tocar una cueca en el corazón mismo de la música estadounidense más “auténtica” (si tal cosa existe). En ese sentido, otro elemento relevante en este filme son las oportunas acotaciones musicales, que apoyan tal contraste cultural.

Y esto me conduce a mi primera reflexión, que podría reformularse así: la libertad como posibilidad de tener múltiples identidades, de poder compartir culturas distintas y disfrutarlas; en un mundo en el que tal roce multicultural está exacerbado por las nuevas tecnologías de la comunicación. Según esta película, ello no sería muy factible. El tiempo y la distancia son difíciles de vencer; o, más simplemente, la cabra tira al monte. Por tanto, quizás no sea aconsejable, al salir en las mañanas camino al trabajo, desviarse al aeropuerto. Mejor, ir a la oficina y no desvariar con aventuras imposibles, propias de los críticos de cine, buenas en las pantallas pero no en la vida real.

Artículo original
http://www.cinencuentro.com/2011/08/07/festival-de-lima-2011-musica-campesina/

miércoles, 17 de agosto de 2011

Reseña en Revista Variety



Música Campesina (Country Music)
Robert Koehler.


A Cinepata production. Produced by Sarah Childress. Executive producer, Ted Fischer. Co-producers, Alberto Fuguet, Mauricio Varela. Directed, written by Alberto Fuguet.
With: Pablo Cerda, James Cathcart, Jeffrey Novak, Cole Kinnear, Karin Davidovich Whitehouse, Ezra Fitz, Todd Hughes, Elle Long, Lori Harrington (English, Spanish dialogue)
As easygoing and rambling as its wandering hero, Alberto Fuguet's "Country Music" is a likable tale of a Chilean man trying to get his bearings in Nashville. Pic might qualify as the first Latin American-made mumblecore movie, preserving many of that genre's ambling, talky qualities, and adding the accent of a foreigner attempting to make sense of America, and maybe find a way into the music biz. Distribs typically averse to South American cinema may show interest, as will a long roster of fests.

Fuguet's previous feature, "Velodrome," also starring Pablo Cerda -- in that film as a handsome guy who loves bicycling around Santiago at night -- lacked a basic character interest that comes through in "Country Music." With this anchor, the film's looseness acquires a foundation, as Cerda's Alejandro -- jilted by his (unseen) American g.f. -- wishes to stay in a country he barely knows but suspects offers him a promise of better things.

Alejandro is a stranger in a strange land -- a classic American immigrant willing to work any job (he's seen cleaning bathtubs, swimming pools, porches and basements) who happens to be vaguely interested in country music. Writer-director Fuguet resists serving up the usual showbiz saga of innocent ambition, more interested, rather, in the cinematic textures of watching characters wander through neon-lit city streets or lying expectantly in bed in cookie-cutter motel rooms, waiting for something to happen.

Looking scruffier and hairier than his clean-cut role in "Velodrome," Cerda elicits amusement and sympathy as Alejandro struggles with his rough English to explain his predicament to strangers, including a coffee shop waitress (Lori Harrington), a Buenos Aires woman studying at Vanderbilt U. (Karin Davidovich Whitehouse) and a pair of guitar-playing dudes who welcome Alejandro into their house as a roommate (James Cathcart, Jeffrey Novak). During the mumblecore exchanges, the guys manage to denigrate recent Clint Eastwood films and praise Robert Altman -- particularly, of course, "Nashville."

Fuguet finds a talented collaborator in U.S. cinematographer Ashley Zeigler, who creates Edward Hopper-esque pictures in the film's many nocturnal sequences. Song selection, a mix of country and rock tunes by Gustavo Leon (some performed live during club scenes), brings the project a solid musical credibility.
Camera (color, HD), Ashley Zeigler; editor, Sebastian Arriagada; music supervisor, Gustavo Leon; production designers, Ryan Buckstar, Sarah Reid, Stacy Greenberg; sound (stereo), Russell Sharpe, Levy Nguyen, Pharra Perry, Dean Mengaziol, Sarah Childress, Kristin Park; sound designer/re-recording mixer, Cristian Mascaro; associate producers, Pablo Cerda, Rene Martin; assistant director, James Cathcart. Reviewed at Buenos Aires Film Festival (competing), April 7, 2011. Running time: 105 MIN

Artículo original
http://www.variety.com/review/VE1117945110/

Reseña en el Diario El Mercurio



BAFFICI 2011.
El Mercurio.

BUENOS AIRES.- "Una vez que te vas del país, todos quedan dañados", afirma, contundente, el escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet. Y es a partir de este convencimiento que rodó "Música campesina", estrenada hoy en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) en la competencia Cine del Futuro, y en la que reflexiona sobre lo ajeno, la idea de patria y la distancia.

"Música campesina" (una intencional mala traducción del término "country music", que según Fuguet debería traducirse como "folclore") cuenta la historia de Alejandro Tazo, un chileno de treinta y pocos que llega a Estados Unidos siguiendo a una novia que lo deja poco tiempo después de su arribo.

Humillado y demasiado avergonzado como para volver a Chile, Alejandro (Pablo Cerda, protagonista del anterior film de Fuguet, "Velódromo") escapa a Nashville, cuna de la música country, donde solo, con poco dinero, sin amigos y con un escaso dominio del idioma, intentará conectar con la gente que lo rodea.

"Una cosa que aprendí es que tu país es casi lo menos importante de tu personalidad. En el fondo tu patria son tus amigos del colegio, tu origen social, tus padres... por eso es que muchas veces cuando vives afuera, lo que menos quieres es encontrarte con gente de tu país", afirmó el autor de novelas como "Tinta roja" y "Missing", en entrevista con dpa.

"Yo creo que una persona que emigra va a quedar dañada para siempre. Con la inmigración no se juega", dijo Fuguet, quien vivió con sus padres en Estados Unidos hasta los 13 años y contó en más de una entrevista lo difícil que le resultó la llegada a Chile en plena adolescencia, sin hablar muy bien el español. "La sensación de extrañeza termina siendo muy superior a la excitación o la aventura. En la tinta del pasaporte hay algo que te altera para siempre".

Y es eso lo que le pasa a Alejandro, el protagonista de "Música campesina", que en las largas horas muertas que pasa encerrado en su motel de Nashville mirando la TV y tomando whisky, o en un bar contándole sus penas amorosas en español a una camarera que no le entiende una palabra, siente que no pertenece, que hay algo que se le escapa, que el esfuerzo es demasiado ("estoy cansado de pensar y hablar en inglés", repite una y otra vez).

"No quería contar la típica historia del inmigrante mexicano que llega a Estados Unidos y la tiene que luchar, me parece que ya está muy visto", apuntó el director. "Me interesaba más algo que apenas se toca en el tema de la inmigración. Allá quizás comes un poco mejor, o si no eres pobre, tienes más acceso a ciertas cosas que en tu país de origen. Pero sea cual sea tu situación, tienes la rareza de ser apátrida, y eso les pasa a todos, hasta a los más top".

Fuguet terminó rodando en Estados Unidos un poco por casualidad. Había sido invitado a dar unas charlas en la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, y fue ahí donde surgió el proyecto.

"Quizá no hubiera aceptado hacerlo con una ciudad más famosa, pero a Nashville se la filmó poco, hay muy pocas películas, como la de Robert Altman. En cambio Nueva York, Los Angeles, Miami o Chicago, me iban a dar menos permisos. Incluso me parece que los pueblitos perdidos sin nombre de Estados Unidos también ya están muy vistos en cine", explicó.

Cinéfilo empedernido, Fuguet contó que no sabía mucho de música country antes de empezar a rodar el film. Su cercanía con el "country" estaba dada apenas por el conocimiento de algunos temas de Kenny Rogers y Johnny Cash y por algunas películas de Burt Reynolds o de Clint Eastwood como "Honkytonk Man". Sin embargo, no fueron obstáculos insalvables.

"La patria de uno es también un poco Estados Unidos, porque es la patria del cine", apuntó el creador del término "McOndo" con el que se describió la corriente literaria latinoamericana que integraron él y otros escritores en los años 90 en oposición al realismo mágico.

"De todas formas creo que es una película muy latina, no es una película sobre Estados Unidos ni es fetichista con Estados Unidos", explicó Fuguet. "No queda como la tierra prometida, pero tampoco todos los gringos son malos. Quise hacer una película sobre la inmigración, pero con humor".

Reseña en Diario La Tercera



Diario la Tercera
9 Abril 2011
Graciela Marín.


Música campesina debutó en el Festival de Cine Independiente. Es la historia de un chileno que emigra y queda a la deriva en EEUU.

Quizá fueron las ideas que le quedaron dando vueltas después de Missing, su libro-investigación sobre su tío Carlos, desaparecido en Estados Unidos, en 1986. Aunque no intencionalmente, la historia es similiar: un chileno que deja su país y se pierde en alguna ciudad prototípica del sueño americano. Y no le va tan bien.

Música campesina, el último filme de Alberto Fuguet, que se rodó por completo en Estados Unidos, se estrenó el jueves pasado en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI). Hablada en un 70% en inglés, se trata de un drama con chispas de humor que sigue a Alejandro Tazo (Pablo Cerda), un chileno del que poco se sabe, excepto que ha quedado sin rumbo en Estados Unidos tras la ruptura de la relación amorosa que lo llevó hasta allá. En el sitio digital Otros Cines, Diego Batlle escribió que Fuguet da aquí un "enorme salto cualitativo como narrador, como director de actores y como observador de la soledad".

Fuera de casa

Desarraigado y tratando de encontrar un lugar en un país que no conoce, el protagonista trata de insertarse en lo que pueda. Para el crítico Quintín, la cinta "es la historia de un chileno perdido en Nashville y no pasa nada dramático, es muy placentera y muy desconcertante porque aborda el eterno tema del choque de culturas y no trata de sacar conclusiones sino de observar y permanecer en la perplejidad de una comunicación siempre a medias". De hecho, la incomunicación es uno de los grandes ejes de la cinta. El primer tercio parece a veces una película muda, con Tazo recortado contra los elementos más típicos del paisaje urbano estadounidense: moteles de carretera, estaciones de gasolina, comida rápida, avisos publicitarios. "Quise descubrir la ciudad como en películas de los 70, como en la road-movie Espantapájaros (Jerry Schatzberg, 1973), y mostrar que partes feas pueden ser bonitas", dice Fuguet.

"Me interesaba en esta película llevar la crisis de identidad al límite. Creo que una de las experiencias más duras y atroces es emigrar. Va en contra de toda sanidad mental", explica Fuguet, quien a los 13 años conoció la experiencia con su traslado de California a Chile. "Te pone en una situación donde tienes que ver realmente quién eres o quién quieres ser. Eso de que estudiaste en tal colegio, o cuál es tu apellido, ya no sirve. No tienes un referente en ese nuevo país hasta que logras crear uno. El problema es que al armar un sujeto nuevo, terminas perdiendo el antiguo".

En medio del vagabundeo de su protagonista, el idioma pasa a ser un asunto primordial. Ese es el juego bilingüe de Música campesina: "Al final, la verdadera patria es tu idioma. Los
momentos más importantes para Alejandro Tazo son cuando se expresa en castellano. Está eso y la cultura pop, que es finalmente la que tiende lazos con los que no hablan tu lengua".

Más cine garage

El filme resultó de una invitación de residencia de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville. Implicaba vivir un mes en EEUU. Fuguet lanzó, casi en broma, la idea de rodar una película al mismo estilo garage de Velódromo (hecha con cámara digital en 15 días, en 2009). Sorprendentemente, las autoridades de la universidad aceptaron de inmediato. Las grabaciones se realizaron antes del estreno de Velódromo, con un equipo casi completamente estadounidense (excepto su director y Pablo Cerda), compuesto por estudiantes y que en cinco días ya había filmado todo el material.

Fuguet actualmente, aprovecha su estadía en Buenos Aires para avanzar en su documental sobre el filme La ley de la calle, de Coppola, y su influencia en escritores y directores del Cono Sur. Para Música campesina, el plan inmediato es su estreno en EEUU, en el Festival de Cine de Nashville, el 17. Su exhibición en Chile aún no está decidida, pero el director insiste en que "lo haré a la manera mía". El suyo es un estilo de difusión poco tradicional, como el de Velódromo, que estuvo en Video on Demand, Bazuca, se dio en TV, pasó a internet y después quedó disponible en Cinépata. Lo importante es que la película se vea, incluso si eso significa regalar los discos o llevar la película al persa".

Artículo original
http://www.latercera.com/noticia/cultura/2011/04/1453-356859-9-alberto-fuguet-presenta-musica-campesina-en-buenos-aires.shtml

Reseña en Escribiendo Cine



Perdido en Nashville
Juan Pablo Russo.

Música campesina (2011) funciona como una continuación del díptico conformado por Se arrienda (2005) y Velódromo (2010), contando como protagonista a un treintañero que busca su lugar en el mundo.

Valoración

Alejandro Tazo (Pablo Cerda) es un chileno que, no sabemos muy bien porqué y tampoco importa, se encuentra de turista en la ciudad de Nashville en los Estados Unidos. Sus días pasan entre hoteles -cada vez más baratos-, comida chatarra, relaciones ocasionales y música country. Alejandro busca su lugar en el mundo, sin saber siquiera por dónde empezar a buscarlo.

Hay una constante en los últimos trabajos de el literato y cineasta chileno Alberto Fuguet y es la de indagar sobre la búsqueda existencial de aquellos de pasaron los treinta años. Mientras en Velódromo montaba a su personaje central sobre una bicicleta para recorrer la ciudad de Santiago, en Música campesina va más allá y lo saca de su hábitat para trasladarlo hacia un universo mucho más distante, en el que no sólo deberá lidiar con su propia insatisfacción personal sino también con las limitaciones culturales. Para Alejandro encontrar un latino será una especie de salvación esporádica que lo conectará con el mundo que conoce, aunque después se dé cuenta de que estaba equivocado.

Hay cierto punto de contacto entre la filmografía de Fuguet y la abulia adolescente reflejada por el Nuevo Cine Argentino (Acuña, Rejtman) pero con el enfoque puesto en otra generación y en otra narrativa. El trabajo realizado tanto en los diálogos casuales como en cada uno de los remates denota la influencia literaria del realizador. La maestría a la hora de resolver situaciones absurdas y la credibilidad ante lo que se nos está mostrando son puestas a prueba de manera constante y resueltas de manera eficaz.

Música campesina reconfirma una vez más Chile se está consolidando como una de las cinematografías más importantes de Latinoamérica y Fuguet como uno de los cineastas más interesantes del país trasandino, al que sin duda vale la pena seguir con mucha atención

Artículo Original
http://www.escribiendocine.com/criticas/perdido-en-nashville